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Sin escribir ni una palabra

  El otro día, sin escribir ni una palabra, estuve un buen rato inventando gente que no existe. No abrí el portátil, no cogí ninguna libreta, ni siquiera dejé una nota rápida en el móvil. Simplemente me dejé llevar, como quien se sienta en la butaca de un cine interior y se limita a ver pasar escenas que no han ocurrido nunca, protagonizadas por personas que solo están vivas en mi cabeza. Todo empezó con algo muy sencillo: una caminata imaginaria. No era un gran viaje ni un escenario épico, solo un paseo por la montaña, de esos en los que el silencio suena más fuerte que cualquier canción. En ese paseo, que no dejaba de ser un recuerdo mezclado con deseos, apareció un personaje que se parecía sospechosamente a mí. No tenía nombre, o al menos yo no se lo di. Lo único que sabía de él era que había salido a caminar por la misma razón por la que yo me siento muchas veces a escribir: porque necesitaba encontrarse. Durante un rato, me limité a seguirle los pasos. Lo vi avanzar por un sen...

Sin forzar el rumbo

He estado fuera un tiempo. No fue planeado, simplemente la vida impuso otro ritmo y aprendí a no resistirme. Antes me obligaba a escribir por disciplina, pero solo conseguía frustrarme frente a un muro de silencio. Ahora he decidido aprovechar los vientos . Ya no me exijo metas ni cierres; me siento a escribir cuando las ganas y el momento coinciden, sin más.  Me apetece retomar personajes, reescribir escenas o empezar algo nuevo desde cero. ¿Que a lo mejor estos textos no van a ninguna parte? Me da igual. Lo que quiero es recuperar el placer de crear sin juicios. Escribir por el simple hecho de disfrutar del camino, sin esperar a llegar a ningún destino. La libertad de no tener que demostrar nada es donde ocurre la magia. Y hoy, por fin, me apetece volver a esa magia. Un abrazo, Kai Hill

La Tribu: Escribir para no estar solos

  Una vez leí que los grupos de ayuda para escritores, o los ‘mastermind’ como los llaman ahora, son el arma secreta de muchos grandes autores. Un lugar donde pulen sus textos y se sienten acompañados. No sé si son un arma secreta, pero sí puedo decir que son un refugio increíble. Lo sé porque, en aquella época que ya no existe, un pequeño grupo de nosotros creamos algo parecido. Y la verdad es que funcionó, al menos en cierta medida. Esa experiencia, aunque lejana, se me quedó grabada. Y ahora, he de confesar que la idea de volver a construir una pequeña tribu como aquella me ronda la cabeza constantemente. Por eso hoy quiero reflexionar sobre por qué creo que son tan importantes. ¿Por qué un grupo? Tres razones clave: 1. Para sentir que no estamos solos. Escribir es un camino muy personal y, a veces, muy solitario. Yo lo he vivido: días en que las palabras no fluyen, semanas en las que dudas de absolutamente todo. Tener un grupo de gente que te entiende, que ha pasado por lo mism...

Escribir con otro nombre

Llevo ya unos cuantos textos publicados en este blog. Historias, reflexiones, fragmentos de algo más grande. Y quizá ha llegado el momento de hablar de esto: ¿Por qué escribo como Mr Kai Hill ? La respuesta corta: porque necesitaba un lugar nuevo. No es que lo anterior no sirviera. Pero había algo en mí que necesitaba empezar desde otro sitio. Un espacio sin pasado visible.  Sin etiquetas.  Solo escritura. Para disfrutar de escribir, y en cierto modo, de volver a ser yo pero con un nombre que no arrastrara más que las ganas de escribir con libertad. Elegir este seudónimo no fue un gesto al azar. Tiene raíces que prefiero guardar para mí, pero representa con precisión la parte de mí que se sienta a escribir: más clara, más libre, más honesta. Y eso estoy haciendo aquí. Sé que empezar desde cero, sin una comunidad previa, puede ser lento. Pero también tiene algo hermoso: cada persona que llega lo hace por lo que escribo, no por quién fui o a quién conozco. Y ese tipo de conexión...

Mi lista de 'no-haceres' como escritor

Si hay algo que abunda en el mundo de la escritura son los consejos. Manuales, gurús, artículos de blog... todos con sus "diez mandamientos del escritor" o "los cinco pasos para la novela perfecta". Y no me malinterpretéis, muchos son oro puro. Pero, como escritor novel que soy, inmerso en la aventura de Silencio Absoluto y otros relatos, he descubierto que tan importante como saber qué hacer es aprender qué no hacer . Y creedme, he aprendido a base de golpes. Así que hoy, en lugar de dar lecciones (que para eso hay expertos, y yo estoy aún navegando el mapa), quiero compartir mi propia lista de "no-haceres". Esas cosas que, con el tiempo y algún que otro enfado conmigo mismo, he decidido evitar para que el camino de escribir no se convierta en una tortura. 1. No obsesionarse con la primera frase (ni con el primer párrafo, ni la primera página...) Recuerdo los días en que podía pasarme horas, horas , intentando que la primera frase fuera una obra maestra...

El Homo scriptor veraniegus (el escritor en verano)

  Cada año, con la llegada del solsticio de verano, nuestros equipos de campo se despliegan para presenciar uno de los fenómenos más sutiles y fascinantes del mundo creativo: la migración del Homo scriptor , subespecie veraniegus . Cuando el aire se impregna del olor a sal y a bloqueador solar, el escritor, que ha pasado los meses fríos en su cubil —un entorno controlado de luz artificial, cafeína y silencio—, se prepara para emerger. Como una tortuga que busca el mar, sale a la superficie. La promesa de desconexión es el cebo, pero su naturaleza es inmutable. La mente del escritor es un depredador de ideas que no duerme, solo cambia su coto de caza. Le acechará en cualquier rincón. Para entender a esta criatura, es esencial observar sus comportamientos en los nuevos territorios. Hábitats y Comportamientos Observados 1. El Abrevadero al Alba: Mucho antes de que la tribu emita sus primeros sonidos, el Scriptor se desliza hacia el gran ojo de agua azul, la piscina. Es un acto casi ...

La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

  La Sombra que me enseñó a escribir Hay libros que lees y libros que te cambian. Y luego está La Sombra del Viento . Tengo que confesar que cuando me lo recomendaron, yo no era lo que se dice un gran lector. Apenas leía nada y, desde luego, no estaba al tanto del mundo editorial más allá de los cuatro títulos que resuenan en todas partes. Vivía en una época un tanto extraña, en la que mi vida, como la etiqueta de esta sección, era un poco ajena al mundo. Me sentía desconectado, y quizás por eso, cuando alguien puso ese libro en mis manos, sentí la curiosidad de abrir una puerta que llevaba mucho tiempo cerrada. Mi primer encuentro con él fue puramente físico. Al sostenerlo, sentí su peso, el grosor de sus páginas, y pensé: "esto no me lo leo yo en poco tiempo". Era una novela que imponía, un bloque macizo de papel que parecía prometer un viaje largo y denso. Qué equivocado estaba. No sé si fueron un par de semanas o quizá menos, pero la realidad es que lo fulminé. Desde la p...

Sobre el camino de vuelta y los mapas que rompí

  A veces, para encontrarse, uno tiene que volver al punto de partida. Quienes saben quien fui ayer recordarán que esto no siempre fue un blog sencillo. Hubo una web, estructuras más complejas, otros nombres. Pero un día todo se detuvo. Hubo un tiempo en que la única opción sensata fue bajar la persiana y guardar un silencio necesario. El porqué de aquel portazo al pasado es una historia con demasiadas sombras como para encenderle una luz ahora; quizás baste con decir que era imposible continuar. Lo que sí importa es la vuelta. Cuando decidí regresar, lo hice de la forma más humilde posible: volví a esta casa, a Blogspot, un lugar más desnudo, más honesto. Regresé sin nada en la mochila, pero con todas las ganas de retomar ese hábito que tantas buenas noticias me trajo entonces. Y con ese regreso, volvieron los ecos. El recuerdo de experiencias increíbles y el de amistades; algunas que, por suerte, aún caminan a mi lado, y otras que, por cosas de la vida, se quedaron en una estació...

Safe Creative: Registra tus Derechos de Autor Fácilmente

   Todo escritor, en algún momento, ha sentido ese pequeño escalofrío. Ese que recorre la espalda justo después de escribir un relato que te encanta, un poema que te desnuda el alma o las primeras páginas de una novela prometedora. Y junto al orgullo, surge la pregunta: ¿Y si alguien lo copia? ¿Cómo demuestro que esto es mío? Hoy, en esta primera entrega de "Notas al Margen", quiero hablaros de una herramienta que me ha dado una enorme tranquilidad durante casi una década: Safe Creative . ¿Qué es (y qué no es) Safe Creative? Imaginemos que la protección de tu obra es una fortaleza. El Registro de la Propiedad Intelectual es, sin duda, el castillo principal, con sus murallas altas y su ejército legal. De él hablaremos largo y tendido en un futuro "mega post", porque es el paso definitivo e irrenunciable para una obra como una novela. Pero, ¿qué pasa con los relatos que publicas en un blog, los poemas que compartes en redes, o las versiones iniciales de tu novela que ...

Balance final de mi taller de escritura: por qué ha sido mi mejor decisión

Antes de nada, quiero empezar dando las gracias. Gracias enormes a la autora Eloísa Martínez Santos y al Ayuntamiento de Fuente el Saz por la extraordinaria oportunidad que nos han brindado. Hemos podido disfrutar de un taller de escritura realmente necesario, no solo para mí, sino para todos los amigos y escritores que necesitábamos esta inyección de sabiduría y la ocasión de compartir este tiempo juntos. Dicho esto, ahora te cuento con más detalle por qué esta experiencia ha sido tan importante. Hace unos meses, te contaba con ilusión que me había unido a este taller de escritura creativa. Apenas habíamos tenido la primera sesión, pero ya me sentía motivado. Ahora que ha finalizado, puedo confirmarlo con mayúsculas: ha sido una de las mejores decisiones que he tomado últimamente. Te cuento los tres grandes porqués. Primero, porque rompió mi inercia. Seamos sinceros: la rutina me había atrapado. Del trabajo al sofá, soñando con que algún día retomaría la escritura casi por arte de m...

Las redes sociales y el escritor: una relación complicada

  Llevo tiempo reflexionando sobre mi relación con las redes sociales y su impacto en mi vida como escritor. Para muchos, las plataformas digitales son una herramienta indispensable para darse a conocer, conectar con lectores y construir una comunidad. Para mí, sin embargo, ha sido diferente. No digo que no sean útiles, al contrario, pero no puedo evitar sentir que este mundo me queda grande, que su ritmo acelerado choca con la naturaleza pausada de la escritura. Desde que empecé a escribir, siempre imaginé el proceso como algo íntimo, un diálogo entre la página y yo. Las redes sociales, en cambio, exigen una constante exposición, una actualización incesante de contenido que, en ocasiones, se siente más como una obligación que como una elección. ¿Cómo compaginar la escritura, que es un acto de introspección, con la necesidad de alimentar un algoritmo que premia la inmediatez y la constancia? Es una dicotomía que me resulta difícil de conciliar.  La presión de la visibilidad No...

Deja atrás las excusas: Salir de la zona de confort

  A veces hace falta que alguien te empuje y te haga gritar de miedo. Así mismo es y que me perdone la generación de cristal. Recuerdo el día que fuimos a una cala a pasar una calurosa tarde de verano y todos se lanzaron al mar desde una roca a poco más de un metro de altura. Es nada, lo sé, pero entonces lo veía terrorífico porque yo no sabía nadar y sabía que en el agua la profundidad era mayor de la que estaba acostumbrado. Un amigo, es decir, un buen amigo –algo cabrón– se puso a mi lado a preguntarme por qué no me lanzaba al agua con el resto. No hizo falta más que verme la cara para entenderlo. No quería hacerle caso, la verdad, pero comprendía el motivo y eso mismo me intimidaba más. Al cabo de unos minutos ya convertido en el foco de atención me invitó a seguir sus movimientos, y para mi sorpresa, me agarró y me lanzó al agua. Alaridos y ¨mecagoentodos¨ después, los demás me miraban chapotear hasta que me descubrí flotando y nadando torpemente. Empecé a divertirme, a refres...

El resurgir de las ideas: del caos al cosmos

  Siempre he sido de los que guardan ideas en un cajón, como tesoros piratas. Algunas son fugaces, chispas que se apagan rápido, pero otras persisten, como melodías que no puedes sacarte de la cabeza. Creo que eso es lo que pasa con los proyectos literarios que me obsesionan: tienen un no sé qué, una esencia que me atrae como a un imán. El taller de escritura creativa ha sido como un huracán de ideas. Al principio, todo era caos, un torbellino de pensamientos sin rumbo. Pero, como en toda buena tormenta, al final queda algo sólido, algo valioso. Mis viejos proyectos han resurgido con fuerza, y nuevas historias han nacido de las cenizas. Sigo trabajando en mi idea de un pequeño libro de microrrelatos visuales. Quiero fusionar la escritura y la fotografía, dos de mis grandes pasiones. Es como buscar la salsa secreta de un plato, esa combinación perfecta de ingredientes que lo convierte en algo único. Por eso, intento plasmar esta idea en mi Instagram, aunque sea a pequeña escala. Abr...

Un taller de escritura creativa: redescubriendo mi pasión por las palabras

  Hace poco me uní a un taller de escritura creativa, y aunque llevamos solo una sesión mensual, puedo decir que ha sido una experiencia increíble. Este espacio no es solo para aprender nuevas técnicas o compartir textos, sino que también ha sido un equipo de apoyo, donde todos nos acompañamos en el proceso de retomar la escritura. Decidí apuntarme porque sentía que me faltaba algo: ese empujón para volver a escribir con regularidad. Y aunque podría haber intentado hacerlo por mi cuenta, sabía que la clave estaba en hacerlo con más personas. Es increíble ver cómo compartir ideas y textos con otros no solo enriquece el proceso, sino que te motiva a seguir explorando tu propia creatividad. La mejor parte del taller es, sin duda, la gente. Cada persona trae una perspectiva única y, al compartir nuestros escritos, no solo aprendemos unos de otros, sino que también creamos un espacio donde la escritura es el vínculo que nos une. He conocido a gente increíble con ideas fascinantes, y eso...