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Mi lista de 'no-haceres' como escritor




Si hay algo que abunda en el mundo de la escritura son los consejos. Manuales, gurús, artículos de blog... todos con sus "diez mandamientos del escritor" o "los cinco pasos para la novela perfecta". Y no me malinterpretéis, muchos son oro puro. Pero, como escritor novel que soy, inmerso en la aventura de Silencio Absoluto y otros relatos, he descubierto que tan importante como saber qué hacer es aprender qué no hacer. Y creedme, he aprendido a base de golpes.

Así que hoy, en lugar de dar lecciones (que para eso hay expertos, y yo estoy aún navegando el mapa), quiero compartir mi propia lista de "no-haceres". Esas cosas que, con el tiempo y algún que otro enfado conmigo mismo, he decidido evitar para que el camino de escribir no se convierta en una tortura.

1. No obsesionarse con la primera frase (ni con el primer párrafo, ni la primera página...)

Recuerdo los días en que podía pasarme horas, horas, intentando que la primera frase fuera una obra maestra. Que fuera lo suficientemente enigmática, lo bastante impactante, que atrapara al lector desde la coma inicial. El resultado era frustración, una página en blanco y la sensación de que mi novela estaba condenada antes de nacer. Aprendí, a la fuerza, que el objetivo del primer borrador es simplemente… escribir. Que las palabras fluyan. Ya habrá tiempo de pulir esa joya. Ahora, la primera frase es solo un punto de partida, no la cumbre del Everest. Y oye, ¡se escribe con mucha menos presión!

2. No corregir mientras escribes el primer borrador

Este es mi gran "no-hacer" y el que más me ha costado interiorizar. Mi mente perfeccionista me susurraba constantemente: "esa palabra no es la correcta", "este diálogo no suena natural", "revisa esa descripción". Me detenía, editaba, borraba, reescribía... y el impulso de la historia se desvanecía. Era como intentar limpiar un camino mientras lo construyes. Imposible avanzar. Ahora, mi mantra para el primer borrador es: prohibido editar. La prioridad es llegar al final, poner el punto y final a esa primera versión, por muy imperfecta que sea. La corrección, la edición, el pulido... todo eso tiene su fase, y no es esta.

3. No leer críticas negativas (ni positivas) en ciertos puntos del proceso

Cuando tu novela está en esa fase vulnerable de primer borrador o primera revisión, es una criatura frágil. Una crítica constructiva es oro, sí, pero el momento es clave. Si lees un comentario negativo (o incluso uno demasiado positivo que te haga sentir una presión insoportable) cuando tu historia aún está en formación, puede ser devastador. Te paraliza. Te hace dudar de cada palabra. He aprendido a proteger mi burbuja creativa, a posponer la exposición a la crítica hasta que el texto tenga la solidez suficiente como para soportar el embate sin desmoronarse. La piel de elefante se forma con el tiempo, no de la noche a la mañana.

4. No comparar mi 'detrás de cámaras' con el 'producto final' de otros

Este es un clásico. Ves la novela publicada de ese autor que admiras, impecable, brillante, y piensas: "Madre mía, mi primer borrador es un desastre, ¿cómo es posible?". Y la realidad es que estás comparando tu cocina llena de cacharros, ingredientes y manchas (tu proceso) con el plato final emplatado y perfecto de un chef profesional (la obra terminada de otro). He aprendido que cada escritor tiene su propio caos y sus propias batallas. Mi 'detrás de cámaras' es válido, con todos sus tachones y dudas, porque es mi camino. Y el tuyo, si eres un escritor novel como yo, también lo es.

5. No esperar la 'inspiración divina' para sentarse a escribir

Solía pensar que la escritura era cosa de musas, de momentos mágicos donde las ideas fluían sin esfuerzo. Y sí, esos momentos existen y son gloriosos. Pero no puedes depender de ellos. La mayoría de las veces, la inspiración llega mientras escribes, no antes. Sentarse, aunque no tengas ganas, aunque solo escribas una frase, ya es un acto de compromiso. Es como ir al gimnasio cuando no te apetece: el 90% del trabajo es simplemente presentarse. He aprendido que la constancia, el aparecer en la silla, es mi mejor aliada, mucho más que esperar a que el cielo me envíe una señal.

Esta lista es personal, claro está, y crece cada día. Pero compartirla me recuerda que no estoy solo en estas batallas. Y espero que a ti, si estás empezando tu propio viaje con las palabras, también te sirva para darte cuenta de que los "no-haceres" son tan importantes como los "haceres". Y que está bien cometerlos para aprender a evitarlos.

Ahora me gustaría saber de ti, ¿cuáles son tus "no-haceres" como escritor? Esas lecciones que has aprendido a base de golpes o intuición, esos hábitos que has decidido desterrar para que tu propio camino con las palabras sea un poco más llevadero. ¡Te leo en los comentarios!


Abrazos

Mr Kai Hill

Comentarios

  1. Te digo una cosa, llevo escribiendo desde lis 10 años (mejor no digo cuánto tiempo es eso) y estoy de acuerdo con todo menos con el 2.
    Me explico.
    He descubierto, a base de tortazos, que escribir es como ver crecer una planta. Como no le pongas una guía a tiempo, se tuerce y no hay manera de enderezarla. No digo que haya que estar constantemente corrigiendo, pero sí conviene parar dos o tres veces la escritura y recapitular.
    El resultado se nota.
    Besos

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    Respuestas
    1. Eso es muy cierto. Recapitular ayuda mucho para continuar o ver cómo vamos. Considero que todo, como con muchas cosas, sin excesos está bien.
      Y por supuesto, cada cual hace su propio camino.
      Besote

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