A veces hace falta que alguien te empuje y te haga gritar de miedo. Así mismo es y que me perdone la generación de cristal.
Recuerdo el día que fuimos a una cala a pasar una calurosa tarde de verano y todos se lanzaron al mar desde una roca a poco más de un metro de altura. Es nada, lo sé, pero entonces lo veía terrorífico porque yo no sabía nadar y sabía que en el agua la profundidad era mayor de la que estaba acostumbrado. Un amigo, es decir, un buen amigo –algo cabrón– se puso a mi lado a preguntarme por qué no me lanzaba al agua con el resto. No hizo falta más que verme la cara para entenderlo. No quería hacerle caso, la verdad, pero comprendía el motivo y eso mismo me intimidaba más. Al cabo de unos minutos ya convertido en el foco de atención me invitó a seguir sus movimientos, y para mi sorpresa, me agarró y me lanzó al agua.
Alaridos y ¨mecagoentodos¨ después, los demás me miraban chapotear hasta que me descubrí flotando y nadando torpemente. Empecé a divertirme, a refrescarme y a sentirme bien con los demás. Acababa de darme cuenta de todo y justo era eso lo que necesitaba para romper el miedo y salir de mi zona de confort.
Te preguntarás para qué cuento todo esto. La razón es simple, el otro día me sacaron de mi zona de confort con un sencillo ejercicio de escritura creativa. Se trataba de redactar un relato con una pequeña dosis de realidad propia o ajena y el resto pura inventiva, y además, tenía que emocionar. El punto estaba en que en ejercicios anteriores sentía que me estaba quedando atrás con la calidad de mis textos y, por qué negarlo, yo también quiero mi momento de gloria. A veces hay que darle un poco de sal al autoestima.
Desde hace unos meses acudo a un taller de escritura creativa con un firme propósito en mi mente: refrescar las ganas de escribir. Esas ganas que un día asfixié hace ya 6 años. Así que en estas estoy, rodeado de gente que quiere conocer el camino hacia la escritura, o tener un lugar seguro para presentar su talento frente a los demás, o mejorar lo que ya sabe, o curiosear este bonito mundo de la escritura. Cada cual tiene sus motivaciones y propósitos como los podemos tener todos, incluso tú y yo, aunque no nos conozcamos. ¿Estoy muy equivocado?
A pesar de que no puedo negar que tengo algo de experiencia, prefiero no impulsar este ego y seguir aprendiendo. Siempre hay alguien con más experiencia que te puede enseñar o dar una opinión con más criterio. Particularmente me gusta ver en los demás esas ganas de aprender este arte y compartir con ellos una hora al mes. Y el último mes fue bastante interesante para mí ya que el ejercicio requería algo más de mí, un esfuerzo más. Ella, la profesora es la que me dio el empujón, exigiéndome un poco más. Y se lo agradezco.
Ahora con la tontería de un ejercicio tan sencillo como este, ha desbloqueado esa vieja idea de mi cabeza. Es posible que el relato que he escrito este mes no valga para nada, o sí, ya se verá si lo puedo desarrollar o solo se queda es la chispa que ha iniciado una explosión en el cerebro. Todo es sentarme, agarrar un bolígrafo y papel y proyectarlas sin miedo.
Así que ahora te pregunto lo mismo: ¿tienes una experiencia similar? ¿me lo cuentas?
Solo te digo algo: déjate de excusas y sal de tu zona de confort y conviértete en el escritor que te gustaría ser.
Abrazos,
Kai
Comentarios
Publicar un comentario