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Ecogénesis: la historia que llevaba cinco años creciendo

  Hay historias que llegan como un relámpago, en una tarde de inspiración, y otras que echan raíces en tu cabeza, que crecen lentamente, casi en silencio, hasta que se vuelven tan grandes que no tienes más remedio que dejarlas salir. "Ecogénesis" es una de esas segundas. Es un relato que lleva, literalmente, cinco años dando vueltas en mi cabeza, ramificándose, buscando la luz. Quien me conoce un poco sabe de dónde viene la semilla de esta historia. Nació de dos de mis grandes pasiones: mi lado más medioambientalista y protector del planeta, y esa manía casi obsesiva que tengo de pararme a fotografiar cada flor que encuentro en mi camino. "Ecogénesis" es la unión de esos dos mundos: el deseo de un planeta más sano y la belleza abrumadora que se esconde en una simple planta. Todo surge de una idea muy simple, casi infantil: ¿Y si pudiéramos tener un mundo mejor y más limpio? ¿Y si, en un gesto sencillo y universal, todos dejáramos plantas en nuestras ventanas? Siempr...
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Sin escribir ni una palabra

  El otro día, sin escribir ni una palabra, estuve un buen rato inventando gente que no existe. No abrí el portátil, no cogí ninguna libreta, ni siquiera dejé una nota rápida en el móvil. Simplemente me dejé llevar, como quien se sienta en la butaca de un cine interior y se limita a ver pasar escenas que no han ocurrido nunca, protagonizadas por personas que solo están vivas en mi cabeza. Todo empezó con algo muy sencillo: una caminata imaginaria. No era un gran viaje ni un escenario épico, solo un paseo por la montaña, de esos en los que el silencio suena más fuerte que cualquier canción. En ese paseo, que no dejaba de ser un recuerdo mezclado con deseos, apareció un personaje que se parecía sospechosamente a mí. No tenía nombre, o al menos yo no se lo di. Lo único que sabía de él era que había salido a caminar por la misma razón por la que yo me siento muchas veces a escribir: porque necesitaba encontrarse. Durante un rato, me limité a seguirle los pasos. Lo vi avanzar por un sen...

Sin forzar el rumbo

He estado fuera un tiempo. No fue planeado, simplemente la vida impuso otro ritmo y aprendí a no resistirme. Antes me obligaba a escribir por disciplina, pero solo conseguía frustrarme frente a un muro de silencio. Ahora he decidido aprovechar los vientos . Ya no me exijo metas ni cierres; me siento a escribir cuando las ganas y el momento coinciden, sin más.  Me apetece retomar personajes, reescribir escenas o empezar algo nuevo desde cero. ¿Que a lo mejor estos textos no van a ninguna parte? Me da igual. Lo que quiero es recuperar el placer de crear sin juicios. Escribir por el simple hecho de disfrutar del camino, sin esperar a llegar a ningún destino. La libertad de no tener que demostrar nada es donde ocurre la magia. Y hoy, por fin, me apetece volver a esa magia. Un abrazo, Kai Hill