Siempre he sido de los que guardan ideas en un cajón, como tesoros piratas. Algunas son fugaces, chispas que se apagan rápido, pero otras persisten, como melodías que no puedes sacarte de la cabeza. Creo que eso es lo que pasa con los proyectos literarios que me obsesionan: tienen un no sé qué, una esencia que me atrae como a un imán.
El taller de escritura creativa ha sido como un huracán de ideas. Al principio, todo era caos, un torbellino de pensamientos sin rumbo. Pero, como en toda buena tormenta, al final queda algo sólido, algo valioso. Mis viejos proyectos han resurgido con fuerza, y nuevas historias han nacido de las cenizas.
Sigo trabajando en mi idea de un pequeño libro de microrrelatos visuales. Quiero fusionar la escritura y la fotografía, dos de mis grandes pasiones. Es como buscar la salsa secreta de un plato, esa combinación perfecta de ingredientes que lo convierte en algo único. Por eso, intento plasmar esta idea en mi Instagram, aunque sea a pequeña escala.
Abrazos, Kai

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