Una vez leí que los grupos de ayuda para escritores, o los ‘mastermind’ como los llaman ahora, son el arma secreta de muchos grandes autores. Un lugar donde pulen sus textos y se sienten acompañados.
No sé si son un arma secreta, pero sí puedo decir que son un refugio increíble. Lo sé porque, en aquella época que ya no existe, un pequeño grupo de nosotros creamos algo parecido. Y la verdad es que funcionó, al menos en cierta medida.
Esa experiencia, aunque lejana, se me quedó grabada. Y ahora, he de confesar que la idea de volver a construir una pequeña tribu como aquella me ronda la cabeza constantemente. Por eso hoy quiero reflexionar sobre por qué creo que son tan importantes.
¿Por qué un grupo? Tres razones clave:
1. Para sentir que no estamos solos.
Escribir es un camino muy personal y, a veces, muy solitario. Yo lo he vivido: días en que las palabras no fluyen, semanas en las que dudas de absolutamente todo.
Tener un grupo de gente que te entiende, que ha pasado por lo mismo, es un salvavidas. A veces, más que un consejo, solo sirve para sentir que no estamos solos, que es, en definitiva, la razón de ser de este blog.
2. Para ver nuestros propios errores.
Estamos ciegos ante nuestros textos. Demasiado cerca de las palabras como para ver los fallos. Un grupo te da una perspectiva externa, objetiva y constructiva que es imposible de conseguir por uno mismo.
3. Para que las ideas se contagien.
La creatividad llama a la creatividad. Una conversación puede desatascar una idea, una experiencia compartida puede darte una nueva perspectiva. La interacción con otros escritores es el mejor combustible para la imaginación.
¿De qué se habla en una tribu de escritores?
Para que funcione, es útil tener algunos temas sobre la mesa. En mi experiencia, esto es lo que mejor resultado da:
- Crítica de textos: Compartir un fragmento para recibir opiniones honestas y respetuosas que nos ayuden a mejorar.
- Debates sobre el oficio: Hablar de bloqueos, de inspiración, de rutinas. Poner en común lo que nos funciona (y lo que no).
- Resolución de dudas: Crear un espacio seguro para preguntar sobre técnica, estructura o cualquier duda del proceso.
- Ejercicios en común: Proponer un tema y escribir algo breve juntos. Es una forma genial de experimentar y mantener el músculo creativo en forma.
- Celebrar las victorias: Festejar cada logro, por pequeño que sea. Terminar un capítulo, enviar un manuscrito… ¡Todo cuenta!
Conclusión: ¿Construimos algo juntos?
Como decía, la idea de volver a formar una pequeña tribu de escritores me ilusiona cada día más. Un espacio seguro para compartir, dudar y, sobre todo, para crecer.
Así que lanzo la pregunta al aire: ¿sería algo que os interesaría? ¿Formar parte de un pequeño grupo donde apoyarnos?
Dejadme vuestras impresiones en los comentarios. Quizás, entre todos, podamos empezar a construir algo grande.

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