Hay historias que llegan como un relámpago, en una tarde de inspiración, y otras que echan raíces en tu cabeza, que crecen lentamente, casi en silencio, hasta que se vuelven tan grandes que no tienes más remedio que dejarlas salir. "Ecogénesis" es una de esas segundas. Es un relato que lleva, literalmente, cinco años dando vueltas en mi cabeza, ramificándose, buscando la luz.
Quien me conoce un poco sabe de dónde viene la semilla de esta historia. Nació de dos de mis grandes pasiones: mi lado más medioambientalista y protector del planeta, y esa manía casi obsesiva que tengo de pararme a fotografiar cada flor que encuentro en mi camino. "Ecogénesis" es la unión de esos dos mundos: el deseo de un planeta más sano y la belleza abrumadora que se esconde en una simple planta.
Todo surge de una idea muy simple, casi infantil: ¿Y si pudiéramos tener un mundo mejor y más limpio? ¿Y si, en un gesto sencillo y universal, todos dejáramos plantas en nuestras ventanas? Siempre he pensado que, si lo hiciéramos, el aire que respiramos sería más sano, más puro. Que quizás, solo quizás, hasta llovería más. Una idea simple, casi utópica, que se convirtió en el corazón de este relato.
Pero no todo es tan luminoso. "Ecogénesis" es también una crítica. Una crítica a cómo, a gran escala, los gobiernos gestionan los residuos, a cómo las grandes corporaciones parecen mirar hacia otro lado. Y también es una autocrítica a nosotros, a la sociedad, que a menudo no hace nada por mantener el planeta que habitamos. Es el reflejo de ese círculo vicioso tan humano en el que unos culpan a otros y la realidad, nuestra única realidad, es la que estamos viviendo y sufriendo cada día.
Soy consciente de que, seguramente, en mi modo de pensar tenga mis errores y fallas. Es muy probable que en ocasiones me falte sentido común y que, como escritor, me deje llevar por la ilusión de un planeta mejor. Y es precisamente por eso que pensé en este relato. Porque la ficción nos permite explorar esas utopías, llevar esas ideas al extremo y ver qué pasaría. Nos permite crear el mundo que anhelamos, aunque solo sea sobre el papel.
De momento no voy a dar muchos detalles de la trama, pero la visión que la inspiró está ahí, en cada página. Imaginemos por un momento un mundo donde los tejados de los edificios no son un mar de antenas y aparatos de aire acondicionado, sino huertos urbanos que perfuman la ciudad. Piensen en carreteras más llenas de arbustos y árboles en sus medianas, que absorben el ruido y la polución. En descampados repoblados por bosques autóctonos que se convierten en pulmones para los barrios. En las paredes de los edificios cubiertas por plantas trepadoras que aíslan del calor y convierten el hormigón en un lienzo viviente. En ciudades donde el sonido predominante no es el del tráfico, sino el del viento moviendo las hojas.
Pues bien, después de cinco años creciendo en mi interior, esa idea ya no es solo un pensamiento. "Ecogénesis", este relato que ha resultado ser más bien largo, por fin está escrito. Terminado. Y la sensación es una mezcla de vértigo y un alivio inmenso, como el que siente un jardinero cuando ve florecer una planta que ha cuidado durante mucho tiempo.
Mi deseo más profundo es que esta historia no se quede guardada en un cajón. Me gustaría autopublicar el relato y que la gente lo pueda leer, que puedan pasear por el mundo que he imaginado. Por eso, espero con toda la ilusión del mundo poder anunciar alguna novedad más pronto que tarde.
Porque creo firmemente en el poder de las historias para plantar semillas. Y la de "Ecogénesis" es una que llevo mucho tiempo queriendo compartir con todos vosotros.

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