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Mi lista de 'no-haceres' como escritor

Si hay algo que abunda en el mundo de la escritura son los consejos. Manuales, gurús, artículos de blog... todos con sus "diez mandamientos del escritor" o "los cinco pasos para la novela perfecta". Y no me malinterpretéis, muchos son oro puro. Pero, como escritor novel que soy, inmerso en la aventura de Silencio Absoluto y otros relatos, he descubierto que tan importante como saber qué hacer es aprender qué no hacer . Y creedme, he aprendido a base de golpes. Así que hoy, en lugar de dar lecciones (que para eso hay expertos, y yo estoy aún navegando el mapa), quiero compartir mi propia lista de "no-haceres". Esas cosas que, con el tiempo y algún que otro enfado conmigo mismo, he decidido evitar para que el camino de escribir no se convierta en una tortura. 1. No obsesionarse con la primera frase (ni con el primer párrafo, ni la primera página...) Recuerdo los días en que podía pasarme horas, horas , intentando que la primera frase fuera una obra maestra...

El Homo scriptor veraniegus (el escritor en verano)

  Cada año, con la llegada del solsticio de verano, nuestros equipos de campo se despliegan para presenciar uno de los fenómenos más sutiles y fascinantes del mundo creativo: la migración del Homo scriptor , subespecie veraniegus . Cuando el aire se impregna del olor a sal y a bloqueador solar, el escritor, que ha pasado los meses fríos en su cubil —un entorno controlado de luz artificial, cafeína y silencio—, se prepara para emerger. Como una tortuga que busca el mar, sale a la superficie. La promesa de desconexión es el cebo, pero su naturaleza es inmutable. La mente del escritor es un depredador de ideas que no duerme, solo cambia su coto de caza. Le acechará en cualquier rincón. Para entender a esta criatura, es esencial observar sus comportamientos en los nuevos territorios. Hábitats y Comportamientos Observados 1. El Abrevadero al Alba: Mucho antes de que la tribu emita sus primeros sonidos, el Scriptor se desliza hacia el gran ojo de agua azul, la piscina. Es un acto casi ...

La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

  La Sombra que me enseñó a escribir Hay libros que lees y libros que te cambian. Y luego está La Sombra del Viento . Tengo que confesar que cuando me lo recomendaron, yo no era lo que se dice un gran lector. Apenas leía nada y, desde luego, no estaba al tanto del mundo editorial más allá de los cuatro títulos que resuenan en todas partes. Vivía en una época un tanto extraña, en la que mi vida, como la etiqueta de esta sección, era un poco ajena al mundo. Me sentía desconectado, y quizás por eso, cuando alguien puso ese libro en mis manos, sentí la curiosidad de abrir una puerta que llevaba mucho tiempo cerrada. Mi primer encuentro con él fue puramente físico. Al sostenerlo, sentí su peso, el grosor de sus páginas, y pensé: "esto no me lo leo yo en poco tiempo". Era una novela que imponía, un bloque macizo de papel que parecía prometer un viaje largo y denso. Qué equivocado estaba. No sé si fueron un par de semanas o quizá menos, pero la realidad es que lo fulminé. Desde la p...