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Mostrando entradas de febrero, 2025

Las redes sociales y el escritor: una relación complicada

  Llevo tiempo reflexionando sobre mi relación con las redes sociales y su impacto en mi vida como escritor. Para muchos, las plataformas digitales son una herramienta indispensable para darse a conocer, conectar con lectores y construir una comunidad. Para mí, sin embargo, ha sido diferente. No digo que no sean útiles, al contrario, pero no puedo evitar sentir que este mundo me queda grande, que su ritmo acelerado choca con la naturaleza pausada de la escritura. Desde que empecé a escribir, siempre imaginé el proceso como algo íntimo, un diálogo entre la página y yo. Las redes sociales, en cambio, exigen una constante exposición, una actualización incesante de contenido que, en ocasiones, se siente más como una obligación que como una elección. ¿Cómo compaginar la escritura, que es un acto de introspección, con la necesidad de alimentar un algoritmo que premia la inmediatez y la constancia? Es una dicotomía que me resulta difícil de conciliar.  La presión de la visibilidad No...

Deja atrás las excusas: Salir de la zona de confort

  A veces hace falta que alguien te empuje y te haga gritar de miedo. Así mismo es y que me perdone la generación de cristal. Recuerdo el día que fuimos a una cala a pasar una calurosa tarde de verano y todos se lanzaron al mar desde una roca a poco más de un metro de altura. Es nada, lo sé, pero entonces lo veía terrorífico porque yo no sabía nadar y sabía que en el agua la profundidad era mayor de la que estaba acostumbrado. Un amigo, es decir, un buen amigo –algo cabrón– se puso a mi lado a preguntarme por qué no me lanzaba al agua con el resto. No hizo falta más que verme la cara para entenderlo. No quería hacerle caso, la verdad, pero comprendía el motivo y eso mismo me intimidaba más. Al cabo de unos minutos ya convertido en el foco de atención me invitó a seguir sus movimientos, y para mi sorpresa, me agarró y me lanzó al agua. Alaridos y ¨mecagoentodos¨ después, los demás me miraban chapotear hasta que me descubrí flotando y nadando torpemente. Empecé a divertirme, a refres...